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miércoles, 8 de agosto de 2012

Así son nuestras fantasías sexuales más frecuentes


¿Sueñan las amas de casa con repartidores musculosos? ¿Sueñan los hombres casados con rubitas inocentes? El mundo de las fantasías sexuales es uno de los que más inquietan a ambos sexos: todas las personas las tienen (aunque algunos no se atrevan a confesarlo) y, en muchas ocasiones, no saben por qué dichas imágenes o situaciones resultan tan excitantes, especialmente en los casos más conflictivos, como cuando tienen como protagonista a una persona que no es la propia pareja o se relacionan con temas de sumisión. Por ello se trata de uno de los temas más investigados en psicología sexual. Como ocurre también con los sueños o los actos fallidos, son relatos imaginarios capaces de sacar a la luz las fantasías y deseos más ocultos del ser humano. 


Los hombres prefieren desempeñar un papel activo, y las mujeres, pasivoA pesar de que el psicoanalista Sigmund Freud manifestase en su día que “tan sólo las personas insatisfechas fantasean, las personas felices no lo hacen”, hoy en día se ha aceptado por toda la comunidad psicológica que las fantasías sexuales no son la manifestación de un problema, sino que ayudan a mantener una mejor vida de pareja al favorecer el deseo sexual, a partir del estudio realizado por William B. Arndt, Elaine Good y John Foehl de la Universidad de Missouri. Lo que este grupo de investigadores propuso por primera vez a mediados de los ochenta es que las fantasías no son homogéneas, y que su origen depende de multitud de variables, entre ellas, los usos y costumbres personales, la personalidad o el sexo de cada persona. Fueron los primeros en señalar que las mujeres que tenían más fantasías eran las que disfrutaban de una vida sexual más plena, tenían más orgasmos y se mostraban más satisfechas. De esa manera, empezaban a derribar el mito construido por el psicoanalista vienés de que la imaginación erótica es producto de la infelicidad.

Con qué soñamos

Uno de los estudios más completos respecto a las fantasías sexuales, y que se sigue citando como principal referencia, es el realizado en 1995 por Harold Leitenberg y Kris Henning, una acertada síntesis de todas las investigaciones precedentes que proporcionó por primera vez una mirada global sobre las fantasías sexuales. Lo que este resumen afirma, en primer lugar, es que en sus fantasías los hombres suelen desempeñar un papel más activo en la relación sexual, mientras que las mujeres prefieren adoptar un rol más pasivo. Los investigadores han considerado que probablemente se trate de una consecuencia de los roles sociales tradicionales, según los cuales el hombre está obligado a dar el primer paso, y de los lugares comunes adoptados por la cinematografía pornográfica, en los que se reproduce esta dicotomía maniquea del hombre como sujeto activo y la mujer como objeto.

El 48% de los encuestados manifestaba que “no estaba bien” pensar en relaciones sexuales con otra persona que no fuese su parejaLas mujeres se preocupan más por la trama de sus fantasías, los detalles de la historia (por ejemplo, el olor de la habitación, la textura de las sábanas) y la ambientación de la historia, mientras que los hombres están más interesados por las imágenes explícitas y el acto físico en sí. En lo referente a la variedad de personas con las que se fantasea, los hombres se mostraban más inclinados que las mujeres a hacerlo con un número mayor. La razón aducida por los investigadores es cultural: aunque ambos se muestren favorables a este tipo de ensoñaciones, para el hombre mejoraría su imagen frente a los demás haciéndole parecer un “tío duro”, mientras que el papel social otorgado a la mujer la haría parecer “demasiado promiscua”, al menos por ahora. En concreto, el 32% de los hombres manifestaban haber pensando en más de mil mujeres diferentes, mientras que tan sólo el 8% de las mujeres afirmaban haberlo hecho.

El problema de la dominación

Entre las fantasías más comunes de las mujeres se encuentran, además del sexo lésbico, los encuentros con desconocidos o los juegos de roles, las situaciones de sumisión y dominación, como el gran éxito de la trilogía novelesca Cincuenta sombras de Grey (Grijalbo) de E.L. James ha puesto de manifiesto. No se trata, señalan los investigadores, de que todas las mujeres tengan tendencias sadomasoquistas ocultas, sino de que les gusta pensar en tales situaciones siempre que no entrañen un daño o perjuicio real. Se trata de un tema controvertido en cuanto que ha sido interpretado erróneamente por algunos agresores como “el deseo de ser violadas”, algo que niegan categóricamente todos los investigadores.

Aquellos que habían mantenido más relaciones sexuales en el pasado, fantaseaban con un mayor número de mujeresSegún un estudio realizado por Danielle Knafo y Y. Jaffe, se trata de la fantasía más frecuente entre las mujeres en el momento del coito. La pareja de investigadores sugería que una de las razones para explicar esta tendencia es que las mujeres educadas en una sociedad restrictiva podían utilizar el hecho de haber sido forzadas para sentir menos culpa por sentir deseo sexual. Otra explicación proporcionada por la bibliografía científica es que, al contrario de lo que podría parecer a simple vista, este tipo de ficcionalizaciones no se basan en la debilidad de la mujer, sino en su fortaleza: según la versión de psicólogos como E.B. Haripton, las mujeres se erotizarían al pensar que su belleza puede provocar que un hombre atractivo pierda el control y se vea obligado a forzarlas.

¿Con tu pareja o con otra persona?

Según otro estudio realizado por Thomas V. Hicks y Harold Leitenberg de la Universidad de Vermont titulado Fantasías sexuales con la pareja o con otra persona, es frecuente fantasear con personas desconocidas, inventadas o famosas. A pesar de que un amplio sector de la población considera que no es aceptable tener fantasías con otra persona que no sea tu pareja –en el estudio se cita una encuesta realizada en 2000 donde el 48% de los encuestados manifestaba que “no estaba bien” pensar en relaciones sexuales con otra persona–, un 87% de los que participaron en el estudio de Hicks y Leitenberg manifestaron que habían fantaseado con una persona desconocida durante los últimos dos meses. El dato, como se descubre cuando uno se fija en la división en ambos géneros, tiene truco: este 87% está conformado por un 80% de las mujeres y un 98% de los hombres. Es decir, la práctica totalidad del sexo masculino.

La principal diferencia se encontraba en la proporción de pensamientos que hombres y mujeres destinaban a otras personas comparado con sus parejas. Según el estudio, el sexo masculino fantasea menos con sus novias o esposas que con otras mujeres, mientras que estas se centran más en su compañero sentimental. La razón aducida por los dos investigadores es que mientras los hombres suelen tener fantasías centradas en una imaginería sexual explícita sin un contexto emocional, las mujeres se centran en personas concretas con las que sienten un vínculo emocional. 

Otra idea defendida en el artículo publicado en el Journal of Sex Research es que cuanto más tiempo pase una persona en una relación de pareja, mayores serán las posibilidades de que fantasee con otras mujeres. Algo que, señalan los estudiosos, no implica ningún problema en la relación, sino que es perfectamente normal que después de un tiempo se agoten las fantasías relacionadas con la propia pareja. Además, aquellos que habían tenido relaciones sexuales con un mayor número de personas antes de comenzar su relación actual, confesaban fantasear con una variedad mayor de amantes. En el mismo artículo se ponía de manifiesto que el 25% de los encuestados se sentían mal por tener pensamientos eróticos con otras personas. Si, como hemos visto, se trata de algo positivo, ¿por qué sentir culpa y poner freno a nuestra imaginación?

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