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domingo, 24 de febrero de 2013

Discurso pronunciado por el Presidente Juan Bosch ante la Asamblea Nacional el día de su juramentación. (27 de Febrero de 1963)


El Doctor Segundo Armando González Tamayo y yo acabamos de jurar que desde nuestros cargos de Vicepresidente y Presidente de la República cumpliremos y haremos cumplir la Constitución y las leyes que nos gobiernan; y decimos con propiedad que nos gobiernan, porque en una democracia no debe haber más gobierno que el de las leyes, y los hombres, cualesquiera que sean sus posiciones están llamados a ser sólo ejecutores de esas leyes.


Ahora bien, al mismo tiempo que ejecutores de las leyes, nos toca ser representantes y defensores del pueblo; y en nombre de ese pueblo que está aquí, frente a nosotros, y también mucho más lejos, en ciudades y en villorios apartados, solicitamos del Congreso Nacional las leyes indispensables para afirmar en este país no sólo la democracia política, sino también la democracia económica y la justicia social. De ustedes senadores y diputados elegidos por el pueblo- sean del partido que sean-, el gobierno que se inicia hoy espera un trabajo continuo para darles a los dominicanos un puesto bajo el sol entre los países avanzados de América.

América nos observa con interés y con amor, como lo atestigua la presencia en este acto de gobernantes del Hemisferio y de visitantes distinguidos venidos de todos los confines americanos. Nunca antes se habían reunido en República Dominicana tantos hombres ilustres elegidos por sus pueblos para las más altas funciones de gobierno, tantos líderes de partidos populares, tantos representantes legítimos de la cultura continental. La feliz reunión de estos grandes señores de la política y del pensamiento, a todos los cuales debemos gratitud por el afán que pusieron en ayudarnos a ser libres, es sólo una muestra de ese interés y ese amor con que están mirándonos los pueblos hermanos del Hemisferio.

Como país americano, debemos hacer uso inteligente de nuestros recursos políticos para dar a ese interés y a ese amor carácter oficial dentro del sistema regional de pactos y tratados que unen a todo el Continente, sin echar en el olvido que los pueblos nuestros quieren actuar juntos en defensa de sus libertades democráticas pero al mismo tiempo tienen un vivo sentimiento de orgullo por el legado de soberanía nacional que recibieron de sus fundadores.

Como país americano nos hallamos en el centro de la gran corriente revolucionaria que está sacudiendo al Nuevo Mundo, y si tomamos en cuenta que esa fuerza poderosa es más potente en países que no pudieron desarrollarse a tiempo debido a que se lo impidieron las tiranías u otras fuerzas sociales negadas al progreso, debemos admitir que en República Dominicana estamos obligados a avanzar de prisa como sea posible hacerlo sin salirnos en momento alguno de las normas democráticas, las cuales exigen que se respete el derecho ajeno, porque sin respeto al derecho ajeno no puede haber paz, y sin paz no puede haber bienestar para los millones de dominicanos que reclaman una mejor vida.

Deseamos Paz

Nosotros deseamos la paz política y por eso ofrecimos puestos en el gabinete a cinco partidos. Cuatro se negaron aceptar esos puestos, y como lo que se inicia hoy es una democracia auténtica, todos debemos respetar la voluntad de esos partidos- Unión Cívica Nacional, Partido Nacionalista Revolucionario, Vanguardia Revolucionaria y Alianza Social Demócrata-, pero el país entero debe saber que nosotros no hemos querido hacer un gobierno sólo a base del partido que ganó las elecciones el 20 de diciembre del año pasado, así como no quisimos formar gobierno sólo a base de los que se aliaron con nosotros antes del día 20 de diciembre. Hemos querido que los que ayer lucharon entre sí estuvieran hoy reunidos dándole cada uno lo mejor de sus fuerzas al pueblo que es nuestro y es de ellos. No deseamos el poder para gobernar con amigos contra enemigos, sino para gobernar con dominicanos para el bien de los dominicanos.

Un gobernante democrático debe tener oídos abiertos para oír la verdad, ojos activos para ver lo mal hecho antes de que se realice, mente vigilante para que nada ponga en peligro la libertad de cada ciudadano, y un corazón libre de odios, dedicado día y noche sólo al servicio del pueblo. Nosotros juramos aquí, en este día solemne, que si nuestra corta capacidad nos impide tener oídos abiertos, ojos activos, mente vigilante, nuestra naturaleza y nuestra historia les asegura a los dominicanos que tenemos un corazón libre de odios. No espere nadie el uso del odio mientras estamos gobernando. Nosotros estamos aquí con la decisión de trabajar, no de odiar; dispuestos a crear, no a destruir; a defender y a amparar, no a perseguir. Pongamos todos juntos el alma en la tarea de acabar con el odio entre los dominicanos como se acaba con la mala yerba en el campo que va a ser sembrado; pongamos todos juntos el alma en la tarea de edificar un régimen que dé amparo a los que nunca lo tuvieron, que dé trabajo a los que buscan sin hallarlo, que dé tierras a los campesinos que la necesitan, que dé seguridad a los que aquí nacen y a todos los que erran por el mundo en pos de abrigo contra la miseria y la persecución.

El mundo en que vivimos parece estar lleno de soberbia y de odios; pero cuando entramos en el con la mirada limpia del que no tiene amarguras, hallamos que millones y millones de personas trabajan en silencio por un mañana mejor. Nosotros los dominicanos debemos unirnos a esa legión de hombres y mujeres que marchan hacia el porvenir, porque si a la criatura de Dios no le fue dada la facultad de rehacer su pasado, le fue dada en cambio la de forjar su porvenir. Y el de los pueblos es obra de sus hijos más que de sus padres, de los que viven y de los que van a vivir, más que de aquellos que rindieron su tarea y se marcharon con los siglos. La obra buena de los muertos, como su obra mala, es propiedad de la historia; pero la obra buena del porvenir es el fruto de las buenas intenciones y de la capacidad para convertirlas en hechos.

Estatua del Porvenir
Y nosotros tenemos que convertir en hechos nuestros buenos deseos. Los pueblos dignos, como los hombres con estatura moral, buscan dar, no recibir; buscan ayudar, no pedir ayuda. Si debido a la desgracia que nos abatió durante treinta y dos años hemos tenido que ir por el mundo democrático en solicitud de ayuda, no debemos acostumbrarnos a vivir de ella. La hemos recibido, y la agradecemos con lealtad, como saben agradecer los bien nacidos. Pero preparémonos a bastarnos a nosotros mismos, levantarnos con nuestras fuerzas, a labrar la estatua de nuestro porvenir con manos dominicanas. Así como hubo una época en que demócratas de este país debían andar por el mundo con la frente abatida de vergüenza, así hagamos ahora de tal manera que los demócratas de América levanten la cabeza asombrados para ver como en esta tierra los mismos que antes padecieron la tiranía edifican un hogar para la dignidad, para la libertad, para la abundancia y la cultura.

Nada se obtiene de un día para otro; el mismo Dios según se lee en Génesis, tardó seis días en crear el mundo y en poblarlo de seres vivos, de árboles y de luz, pero todo se logra con el trabajo, con la persistencia y con la fe. Fe y persistencia tuvieron los que establecieron esta República Dominicana en un pedazo de isla y con un pueblo tan mínimo como un sietemesino entre las naciones; fe y persistencia tuvieron los que se lanzaron a la guerra, hace ahora cien años, para conquistar la soberanía perdida; fe y persistencia tuvieron los que lograron que nuestro país volviera a ser libre en 1924; fe y persistencia tuvieron los que lucharon hasta abatir la tiranía. Sin la persistencia y la fe de unos y otros, si su coraje y martirio, hoy no estaríamos reunidos aquí, por eso es justo que en estos momentos volvamos el pensamiento a ellos y les demos gracias con la devoción de hijo por la madre que lo llevó en el seno; pues los héroes de la libertad son como las madres de los pueblos, y como las madres les debemos respeto y amor.

Así como nada se obtiene de un día para otro, nada se obtiene de un día para otro, nada se obtiene sin luchas. Debemos luchar contra los obstáculos que tiene la República en su camino. Los próximos meses serán de freno para muchos, porque estamos en el caso de evitar que las finanzas nacionales se nos desplomen a causa de gastos sin control. Pero vivimos en un país de grandes riquezas, que vende más de lo que compra, y si los dominicanos colaboran con el gobierno en el propósito de no hacer gastos innecesarios, podemos vernos en poco tiempo sin limitaciones para el uso de divisas extranjeras. Así mismo, si ustedes, senadores y diputados, trabajan con tesón, como estamos seguros de que lo harán, para aprobar las medidas que le permitan al gobierno para hacer la reforma agraria y disponer de los medios indispensables para ampliar la producción agrícola, estaremos en capacidad de evitar la inflación que nos amenaza.

Nuestro país es rico y nuestro país es inteligente. Tenemos una tierra fecunda y gente que desea trabajarla. En otros países de América los latifundios mayores se hallan en manos privadas, pero aquí las fincas más extensas son bienes del Estado. Vamos a juntar al hombre con la tierra, al inteligente hombre dominicano con la rica tierra dominicana, y estemos todos seguros de que eso se hará o no habrá democracia en este país.

Los dominicanos comenzamos hoy a ser actores de nuestro drama y América entera está ahí, sobre el Continente, como espectadora anhelante. Trabajemos por nuestro pueblo y por América. Trabajemos con tesón y con humildad. Este día de Juan Pablo Duarte, de Francisco del Rosario Sánchez, de Ramón Matías Mella, a cuya memoria ofrendamos este acto es también, por azar del destino, miércoles de ceniza, al tiempo que se les hace la cruz en la frente, los fieles oyen las palabras eternas: “Recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás”.

Todos seremos polvo algún día; y de nosotros quedará el recuerdo sólo si le damos a este pueblo y a la América lo que el pueblo dominicano y la América esperan de nosotros.
Tesón y Humildad

Tesón para la lucha y humildad para recibir la opinión de los adversarios y el juicio de la historia, es lo que les ofrecemos a ustedes, visitantes ilustres que han tenido la bondad de venir a testificar que en la República Dominicana está naciendo una democracia; a ustedes representantes de Gobiernos amigos que nos dan el respaldo de su presencia; a ustedes, señores senadores y diputados traídos a esas altas funciones por la voluntad popular; a ustedes, dominicanos de las ciudades y los campos, razón de ser de toda nuestra lucha, objetivos de tesón y depositarios de la humildad que estamos ofreciendo.

Además de eso, ustedes, los visitantes, cuenten con el cariño de este pueblo. Observen que con traje civil o con traje militar, todos los dominicanos les miran con afecto, y recuerden que con traje civil o militar, todos acudieron, cada uno dentro de sus funciones, a garantizar la libertad de hombre y mujeres de esta tierra para votar según su conciencia. Todos ellos, pues, pueblo uniformado en las Fuerzas Armadas y pueblo con su ropa de trabajador o campesino o clase media, dieron el ejemplo inesperado y a ellos y a ustedes el motivo para reunirnos hoy bajo este cielo de un pedazo de América.

Don Rómulo Betancourt, don Ramón Villeda Morales, don Francisco Orlich, don Lyndon Johnson, don Alexander Bustamante, don Luis Muñoz Marín; excelentísimos representantes diplomáticos de países amigos; profesores, escritores, poetas, periodistas, líderes políticos que nos visitan; amigos que han venido de lejos para acompañarnos a esta solemne; a todos ustedes, los que gobiernan pueblos, los que los representan y los guían, los que los embellecen con sus obras, a todos les damos la bienvenida más cordial y a todos les pedimos que de regreso a sus patrias lleven y difundan las palabras con que vamos a terminar este discurso:

“Mientras nosotros gobernemos, en República Dominicana no perecerá la libertad”

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