Así opera nuestra vida democrática y es, más o menos lo mismo, en todas las naciones democráticas del planeta. Las naciones que no están sustentadas en ese esquema se rigen bajo gobiernos personalizados, que es lo mismo que decir en la dictadura. Tenemos muchos problemas, pero ellos no se resolverán si fuéramos gobernados por un gobierno dictatorial, los que a lo largo de la historia nos han dejado muertes, sangre, abusos, exilio y corrupción.
La propuesta del coordinador del Movimiento Evangélico La Batalla de la Fe, pastor Ezequiel Molina, para que se cierre el Congreso Nacional es una convocatoria a la dictadura, aunque quizás haya sido de buena fe. Pero dicen que de eso está empedrado el camino del infierno.
El ha sugerido que con esa decisión, a todas luces absurda, el Estado podría ahorrarse miles de millones de pesos, los que a su vez pueden ser orientados para mejorar el sistema educativo.
Hay, sin embargo, en su planteamiento, un llamado contra la anarquía y al cumplimiento de las leyes que sí lo creemos correcto. Se refleja, incluso, en el hecho de que lectores de este diario en su página Web que votaron, lo apoyaron en un 78%
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